José Royo y Gómez

UN GEOLÓGO TODO TERRENO

Al hablar de José Royo y Gómez, lo último que se podría decir es que fue un científico de aquellos que dedican su tiempo a recopilar información y rara vez salen del laboratorio. Por el contrario, aunque contaba con la personalidad analítica y estructurada propia de un investigador, Royo y Gómez era por naturaleza un hombre intrépido y aventurero. Era lo que podríamos llamar “un científico todoterreno”.

José Royo y Gómez durante las excavaciones de La Comisión de Vertebrados en el desierto de La Tatacoa, municipio de Villavieja (Huila). 1944.

Por su dedicación al estudio de la Tierra y su capacidad de adaptarse a las dificultades geográficas del territorio colombiano, este investigador no temía ensuciarse las manos. Royo y Gómez exploraba en jeep o autobús, pero cuando la situación lo requería, no tenía problema en andar a pie o hasta en mula. Así era Royo y Gómez: un hombre práctico que, según relata su hija Josefa Royo (q. e. p. d.), sin importar las circunstancias, nunca vio obstáculos para su labor, pues siempre encontraba una solución para todo.

Pie de Foto: Comisión del Servicio Geológico Nacional de Colombia en Cáqueza (Cundinamarca). De izquierda a derecha: (el segundo) Dr. Benjamín Alvarado y (el quinto) Dr. José Royo y Gómez. Fotografía tomada por J. L. Rich, julio de 1939.

Nacido en Castellón de la Plana (España) en 1895, José Royo y Gómez supo desde muy joven que su vocación estaba relacionada con la tierra.

Tras culminar con altos honores su licenciatura y doctorado en Ciencias Naturales en la Universidad de Madrid, se dedicó a la investigación y docencia de la mineralogía, la geología y la paleontología.

En 1930 ocupó el puesto de jefe de la Sección Especial de Paleontología del Museo de Ciencias Naturales de Madrid (España), institución que siempre admiró, donde se especializó en paleontología y donde, además, ejerció como docente de geología. Gracias a la dedicación y tenacidad que siempre lo caracterizaron, Royo y Gómez jugó un papel importante en la organización e investigaciones de dicho museo.

Entre los frutos de su labor se encuentran una revista dedicada a todos los ejemplares fósiles de la institución, el registro de las obras existentes en los laboratorios de paleontología y un gran archivo fotográfico de las especies más importantes. Además, cabe resaltar su papel en la organización del Congreso Geológico Internacional de 1926 y en la publicación de las primeras hojas del Mapa geológico nacional de España.

En 1939, el científico y su familia llegaron a Colombia como exiliados políticos de la guerra civil española. Dejar atrás su vida en España fue un duro golpe para el investigador, quien sintió haber perdido años de trabajo y esfuerzo.

Sin embargo, el 26 de abril de 1939, tan solo nueve días después de su arribo, el español fue llamado a conformar parte del recién creado Servicio Geológico Nacional de Colombia (SGNC).

En Colombia, Royo y Gómez encontró la oportunidad de continuar su investigación geológica con la misma dedicación que caracterizó su labor en España.

Durante sus años de trabajo en el SGNC fue geólogo jefe de Comisión de Terreno, jefe de la Sección de Paleontología y Estratigrafía, además de director del Museo Geológico Nacional (MGC), entre 1939 y 1951, roles en los cuales se dedicó a estudiar y promover la riqueza natural de Colombia.

Durante los doce años que permaneció en el país, el científico español trabajó de manera incansable. Como resultado de su labor quedaron 126 estudios, diversas comisiones, hallazgos de fósiles, rocas y minerales, la puesta en marcha del Museo Geológico Nacional y el honor de recibir, junto con su equipo de geólogos, el Gran Premio Codazzi por la elaboración del primero de los mapas geológicos que el Servicio Geológico Nacional desarrollara.

Al poco tiempo de su llegada a Venezuela, en 1951, Royo fue contratado como profesor titular de la Escuela de Geología, Minas y Metalurgia de la Universidad Central de ese país, institución en la que más adelante fundaría un nuevo Museo Geológico.

Su labor iniciada en España y Colombia continuó con el trabajo realizado en el país vecino. Además de profesor de Mineralogía y Geología, Royo y Gómez fue miembro fundador tanto de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (Asovac), así como del Instituto para el Estudio y Conservación del Lago de Valencia (el cuerpo de agua dulce más grande de Venezuela). De igual manera, llevó a cabo diversas excavaciones en territorio venezolano, a partir de las cuales realizó un trabajo investigativo de gran utilidad para el desarrollo de la paleontología.

Luego de una larga carrera llena de aportes al patrimonio geológico y paleontológico de la humanidad, el doctor José Royo y Gómez murió en Caracas el 30 de diciembre de 1961, a los 66 años de edad. Su legado continúa a lo largo de estos años, y es hoy inspiración para muchos que siguen sus pasos.